Valencia: una ciudad para vivir

Un día como hoy hace dos años llegué a Valencia, en España. Mi plan era pasar el fin de semana en la ciudad de la luz mágica y enrumbar de regreso a Tailandia, a la vida que había elegido. Pues nada salió como lo había pensado y sin querer, pero queriendo, Valencia se convirtió en mi hogar. En el destino por el cual sonrío.

La editora de viajes de Infotur Latam cuenta que la enamoro de Valencia al punto de hacerlo su hogar por un año

Acostumbrada a Madrid y sus calles, pensar en establecerme en una ciudad considerablemente más chica y de menor frenesí me resultaba casi imposible, pero este lugar me enamoró y hoy quiero contarles brevemente por qué.

Calatrava: el dios de las curvas

Lo primero que uno piensa al escuchar de Valencia es en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, diseñada por el arquitecto valenciano Santiago Calatrava, la que te transporta a un mundo paralelo, lleno de curvas y ángulos que no terminas de entender. Claro homenaje a la arquitectura moderna, centro cultural y de entretenimiento, es un espectáculo a la vista y tuve el privilegio de vivir a pocos minutos. A la hora del sunset, con esos tonos rojizos característicos del cielo de esta parte del mundo, después de un paseo por el Jardín del Turia, no hay mucho más que pedirle al día. Si además se animan a visitar los distintos atractivos que se esconden dentro, el viaje a Valencia está compensado.

El barrio del Carmen

A efectos prácticos, el centro histórico de Valencia. A ver, es un laberinto de calles llenas de historia, bares, terrazas, comercios históricos, arte callejero y museos emblemáticos, como el IVAM o el Centro del Carmen, en el cual es un verdadero placer perderse.

Debo confesar que durante el año que viví en Valencia disfruté mucho de desconectarme en este barrio sin ánimos de saber hacia dónde ir. Es de esos lugares donde el camino cobra mucha más relevancia que el destino. En definitiva, una visita obligada para quien quiere saber, a través de sus sentidos, de qué va esta ciudad. Imperdibles: las Torres de Serranos, las Torres de Quart y el Convento del Carmen.

Mercado Central

Mis sábados transcurrían aquí, desayunando ostras gallegas con cava. Suena extravagante, pero, siendo sinceros, es de lo más normal en este espacio. Los mariscos frescos, las coloridas verduras y frutas, los condimentos más exóticos y los vinos de toda calidad y precios coinciden en este mercado que, a todas luces, es uno de los protagonistas de Valencia.

Es importante resaltar la arquitectura del sitio: una estructura formada por columnas de hierro que evocan a la Torre Eiffel, azulejos y vidrieras componen un espacio de visita obligada. Y bueno, ya dejo a la imaginación los quesos y jamones que acompañan cada recorrido. Un pequeño edén.

Jardín del Túria

Cuando hablé de la Ciudad de las Artes y las Ciencias mencioné el Jardín del Túria, pero este merece una descripción aparte, no solo por su belleza, sino por lo que significó en mi vida en Valencia.

10 kilómetros de lo que fue el lecho del río Túria se convirtieron, en la década de los 80´, en un espacio público que cruza la ciudad rodeando el centro histórico, recibiendo a sus visitantes para que hagan deporte, jueguen, se enamoren o se olviden que están en la tercera ciudad más importante de España.

Al recorrerlo (mi rutina casi diaria) te cubren 18 puentes de siglos de historia, naranjos y pinos; te cruzas con fuentes de agua, rosales, estanques y parques deportivos. Vamos, que son 10 kilómetros de pura y continua belleza, además de las vistas de los laterales, en las que se puede contemplar la arquitectura de los principales museos y monumentos de la ciudad.

En el extremo este se encuentra la Ciudad de las Artes y las Ciencias, pero en este caso no me atrevo a hacer ninguna recomendación: todo el espacio merece su recorrido.

Las playas….¡ay las playas!

Pues bien, hablamos de una ciudad en la que el calor del verano cobra otro tono. Sí, de ese que quema y se torna, por días, insoportable. Si algo amé de Valencia fue poder terminar mis días en sus playas, en las que a las 21:00 era agradable estar.

Esta es una ciudad que cuenta con 20 km de playas cercanas al centro, y si bien los fines de semana era obligado irse más hacia el sur por la cantidad de gente, los días de semana el plan perfecto incluía un vino blanco helado en alguna de las terrazas cerca a la Malvarrosa, a muy poca distancia de todo (especialmente de casa).

La Marina de Valencia, su costa alejada de la ciudad y las múltiples opciones que ofrece para el senderismo, entre otros, son materia de otro artículo. Solo comento que lugares para visitar y actividades para hacer hay…y muchos.

La gastronomía y la vida nocturna

Valencia es una ciudad chica con aspavientos de gran metrópoli en lo que a vida nocturna y gastronomía se refiere. Al valenciano le gusta la buena vida y su ciudad ha sabido satisfacer sus gustos.

Restaurantes de comida mediterránea, japonesa y por supuesto, de la infaltable paella (no puedo creer que recién mencione a la gran reina) no tienen absolutamente nada que envidiarles a los de Madrid o Barcelona.

Además, Valencia no solo cumple en lo que respecta a la oferta gastronómica, sino que va poniendo el listón cada vez más alto en lo que involucra la calidad de vida. No es necesario invertir grandes sumas para tener una experiencia llena de sabor: en Valencia lo bueno es lo que prima.

Y…las tardes y noches en el barrio de Ensanche (el soho valenciano), Ruzafa o las terrazas en Conde de Altea (mi tan querida calle)… se prenden y envuelven con una oferta para todos los gustos.

De Valencia hay mucho que contar, pero me atrevería a resumir todo con un consejo: visítenla.

Fotos y texto: Andrea Chaman
Infotur Latam
prensa@infoturlatam.com

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