Había visto muchas fotografías, películas y videos de Acapulco que habían servido para hacerme una idea de sus paisajes, hoteles al borde de la costa, mar azul y verdes montañas. Luego de salir del Aeropuerto Internacional, el bus dejó atrás unas amplias avenidas para ir ascendiendo por las colinas y aún mirábamos parte de la ciudad. En una siguiente curva, el paisaje imaginado se había hecho realidad: la silueta de la bahía, las aguas azules del mar, los hoteles al borde de la playa y detrás el manto verde de las montañas. Simplemente fue amor a primera vista.
Recorrer la Costera Miguel Alemán sigue siendo uno de los grandes rituales del puerto. Allí la vida parece transcurrir con otro ritmo: familias caminando junto a la playa, turistas entrando y saliendo de hoteles históricos y restaurantes donde el pescado fresco y los mariscos son protagonistas. En esa misma zona visité la exposición Ventana a México, organizada en el marco de la 50 edición del Tianguis Turístico 2026, donde artesanos de más de 15 estados del país realizaban una exposición venta de sus admirables trabajos, como los aretes de plata en forma de corazón y una blusa bordada que compré.
Frente a la bahía, playas como Icacos, Barra Vieja, Papagayo, Pie de la Cuesta y Tamarindos, entre otras, que invitan a pasar horas contemplando el mar bajo el intenso sol del costero Estado de Guerrero. También las playas son escenarios perfectos para disfrutar de diversos deportes acuáticos como jet ski, paddle board, kayak, parasailing, esquí acuático, snorkel, buceo, paseos en banana boat y recorridos en yate por la bahía, experiencias ideales para quienes buscan combinar adrenalina, diversión y vistas privilegiadas del Pacífico mexicano.
Uno de los momentos más emocionantes de mi visita a Acapulco ocurrió una noche en La Quebrada. Allí, los famosos clavadistas desafían la gravedad lanzándose desde enormes acantilados hacia el océano en un espectáculo que sigue sorprendiendo al mundo. Verlos lanzarse al vacío en plena noche, inclusive encendidos en puro fuego, desde las terrazas del hotel El Mirador, es una experiencia que resume perfectamente el espíritu del famoso destino: valentía, tradición y espectáculo.
Pero la ciudad también tiene espacios que permiten conectar con su historia y su identidad. En el centro tradicional, la Catedral de Nuestra Señora de la Soledad de Acapulco y la emblemática Plaza Álvarez, conocida como Zócalo, conservan el alma del antiguo puerto. Muy cerca, los visitantes descubren mercados populares, pequeños cafés y rincones donde todavía se escucha la música tropical que hizo famoso al destino durante las décadas doradas del cine mexicano.
En una de las zonas más emblemáticas del puerto se alza el imponente Fuerte de San Diego, una construcción histórica en forma de estrella que resguarda buena parte de la memoria de Acapulco. Edificado en el siglo XVII para proteger al puerto de ataques piratas y defender una de las rutas comerciales más importantes entre América y Asia, hoy este recinto convertido en museo invita a recorrer salas que narran el intercambio cultural del Galeón de Manila, la historia con España y la evolución marítima del Pacífico mexicano. Desde sus murallas también se obtiene una vista privilegiada de la bahía, que combina historia y paisaje en una misma postal.
Durante la 50 edición del Tianguis Turístico 2026, el fuerte cobró un protagonismo especial al convertirse en escenario de la emotiva puesta en escena “Acuérdate de Acapulco”, espectáculo musical e histórico realizado como parte del evento El Origen, donde el viaje comenzó. Bajo la iluminación nocturna del recinto, bajo la luna llena y con la bahía como telón de fondo, la presentación rindió homenaje a la historia, cultura e identidad de Acapulco, sus años dorados y su capacidad de renacer, convirtiendo al Fuerte de San Diego en el escenario perfecto para conectar pasado, cultura y turismo en una misma experiencia.
Jardín Botánico
Entre colinas verdes y con una vista privilegiada hacia la bahía se encuentra el Jardín Botánico de Acapulco, un oasis natural que sorprende a quienes quieren descubrir una faceta distinta del destino más allá de sus famosas playas. Ubicado en la zona de Puerto Marqués, este espacio de conservación resguarda una importante colección de flora tropical, especies endémicas y senderos rodeados de vegetación exuberante que invitan a recorrerlo sin prisa, escuchando el sonido de aves y admirando mariposas, árboles centenarios y plantas medicinales propias de la región.
Durante el desarrollo del Tianguis Turístico 2026, el jardín fue uno de los escenarios elegidos para recibir a periodistas internacionales invitados a conocer los atractivos del destino. La visita permitió apreciar una versión más serena y sostenible de Acapulco, conectada con la biodiversidad y el turismo de naturaleza. Entre miradores naturales y caminos de piedra, el recorrido ofreció un respiro frente al ritmo intenso de la feria y confirmó que Acapulco también sabe enamorar desde el silencio, el paisaje y su riqueza ecológica.
Y sin duda, la bahía se aprecia mejor desde las alturas. Hacia otra zona, el recorrido por la carretera escénica conduce a algunos de los miradores más impresionantes del Pacífico mexicano, especialmente el Mirador Puerto Marqués, donde el océano parece infinito. Desde allí también se observan las zonas residenciales y hoteles icónicos que hicieron de Acapulco el refugio favorito de artistas internacionales, empresarios y celebridades durante décadas.
Disfrutando de los encantos de Acapulco, ahora me explico por qué fue sinónimo de glamour, exclusividad y escapadas de lujo frente al Pacífico, convirtiéndose en el refugio favorito de grandes estrellas internacionales atraídas por su clima privilegiado, sus espectaculares acantilados, la privacidad de sus villas y el vibrante ambiente nocturno que definió la época dorada del puerto. En los años cincuenta, sesenta y setenta, figuras como Elizabeth Taylor, Frank Sinatra, Elvis Presley, John Wayne, Brigitte Bardot y Johnny Weissmuller encontraron en Acapulco un escenario perfecto para vacacionar, navegar en yate y disfrutar fiestas legendarias. Más adelante, artistas como Luis Miguel también reforzaron la conexión emocional con el destino, consolidando la imagen de Acapulco como el gran escaparate del turismo sofisticado de América Latina.
Quizás lo más especial de Acapulco sea precisamente eso: su capacidad de emocionar. Porque detrás de los monumentos históricos, de cada playa, de cada hotel frente al mar y de cada atardecer dorado sobre la bahía, existe una ciudad que nunca dejó de creer en sí misma. Y cuando cae la noche, las luces iluminan la Costera y la música vuelve a escucharse junto al Pacífico, uno entiende que Acapulco sigue siendo ese lugar del que te enamoras a primera vista y con mucha seguridad hacia una pasión eterna.
Por: Liliana Ubidia
INFOTUR LATAM
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