Al llegar a Punta Cana, ya había programado una serie de actividades para pasar unos lindos días en familia y disfrutar del Caribe dominicano, pero cuando ingresé al Royalton Bávaro, An Autograph Collection All-Inclusive Resort & Casino, me di cuenta de que algunos puntos de mi programa iban a cambiar.
Desde el primer día entendimos que aquí el all inclusive no es una fórmula, sino una invitación a soltar el control y dejarse llevar. La calidez del Diamond Club, la elegante decoración, los sabores que sorprenden en cada rincón gastronómico, el azul interminable de sus piscinas y las risas flotando en el Lazy River, invitan a desconectarse de la rutina y entregarse por completo al Caribe.
Nuestra experiencia comenzó incluso antes de llegar a la habitación. Al ingresar al área exclusiva de Diamond Club, el check-in se sintió mucho más personal y relajado que el tradicional proceso de registro de un resort. Una estación de frutas de bienvenida y la atención cercana del equipo marcaron desde el primer momento la diferencia.
Pero uno de los grandes privilegios de esta categoría es contar con un mayordomo personal, que desde el primer encuentro, se convirtió prácticamente en ese cómplice que uno no sabía que necesitaba durante las vacaciones, porque nos ayudó con las reservas de los restaurantes, nos acompañó en un recorrido por las instalaciones y finalmente nos condujo hasta nuestra habitación. Todo con una atención amable y discreta, de esas que hacen que uno sienta que realmente está de vacaciones.
Al abrir la puerta de nuestra Luxury Junior Suite, la sensación inmediata fue de amplitud y comodidad. La habitación está pensada para que la estancia sea mucho más que un lugar de descanso: cuenta con una zona de estar con sofá cama, una cama diseñada para el máximo confort y una terraza privada que permite disfrutar de las vistas del resort.
Uno de los detalles que más disfrutamos fue el baño, con su ducha tipo lluvia de inspiración spa y el jacuzzi dentro de la suite, un pequeño lujo perfecto para cerrar el día después de horas bajo el sol. La categoría está disponible en diferentes opciones de vista y también existe la posibilidad de elegir una versión swim-out, que permite tener acceso directo a una piscina semiprivada. En la Luxury Junior Suite pueden alojarse hasta cuatro huéspedes, lo que la convierte en una alternativa especialmente atractiva tanto para parejas como para familias.
Durante un viaje hay momentos en los que uno deja de buscar actividades y simplemente quiere quedarse donde está. Para nosotros, ese lugar fue la zona exclusiva de Diamond Club. La piscina, el ambiente más tranquilo y la posibilidad de contar con una cabaña privada crearon el escenario perfecto para pasar varias horas sin ninguna prisa. Cócteles, frutas frescas, música y el servicio atento del equipo acompañaron una de esas tardes en las que el único plan consiste en decidir si quieres seguir dentro del agua o pedir otra bebida.
El Diamond Club cuenta con espacios exclusivos, entre ellos una piscina y un bar reservado para sus huéspedes, donde se ofrecen licores premium y bebidas internacionales. Es precisamente ese tipo de detalles los que transforman la experiencia de un resort grande en una estancia mucho más personalizada.
Y en cuanto a la experiencia gastronómica, una de las grandes ventajas de hospedarse en un resort de estas dimensiones es que cada comida puede convertirse en una experiencia diferente. En Royalton Bávaro, la propuesta gastronómica permite pasar de una especialidad a otra, sin necesidad de salir del hotel.
RIO Brazilian Grill nos llevó a Brasil a través de una experiencia centrada en carnes y sabores intensos; Zen convirtió la cena en un espectáculo con su propuesta de teppanyaki y sushi; y otras opciones del resort completan una oferta que combina cocina internacional, restaurantes a la carta y cafetería.
Si hay una actividad que resume el espíritu relajado del Royalton Bávaro, es el Lazy River. Con aproximadamente 366 metros de recorrido, permite dejarse llevar tranquilamente mientras el agua avanza entre paisajes tropicales, cascadas y diferentes espacios del resort.
La experiencia es sencilla, pero precisamente ahí está su encanto. Subirse a un flotador, dejar el teléfono a un lado y permitir que el agua marque el ritmo se convierte rápidamente en uno de esos recuerdos que permanecen mucho después de regresar a casa. Y para quienes quieren combinar relajación con algo más de entretenimiento, el resort también cuenta con FlowRider, un simulador de surf, además de otras actividades acuáticas.
En todo este mundo de diversión, una de las características que más nos llamó la atención es la facilidad con la que Royalton Bávaro consigue combinar descanso y entretenimiento para diferentes edades.
Mientras los adultos pueden disfrutar de la piscina, el spa, la playa o simplemente de una tarde tranquila, los más pequeños cuentan con clubes supervisados y actividades diseñadas especialmente para ellos. También hay deportes, minigolf, entretenimiento y diferentes experiencias acuáticas, por lo que las vacaciones familiares no tienen por qué significar renunciar a momentos de descanso.
Después de varios días, queda claro que el Royalton Bávaro no busca únicamente ofrecer unas vacaciones All-Inclusive. Su propuesta intenta crear una experiencia en la que comodidad, gastronomía, entretenimiento y servicio personalizado convivan sin que el huésped tenga que preocuparse demasiado por los detalles.
Y quizás ahí está uno de sus mayores atractivos: la posibilidad de elegir cómo quieres vivir el viaje. Puedes pasar el día en la playa, dejarte llevar por el Lazy River, disfrutar de una cena especial, reservar un momento de spa o simplemente quedarte en una cabaña junto a la piscina.
Al despedirnos de Punta Cana, nos quedó una sensación muy clara: hay viajes que recordamos por los lugares que visitamos y otros por la manera en que nos hicieron sentir. Royalton Bávaro quedará siempre en nuestros recuerdos como ese lugar especial.
Por: Mariangela De la Barra
INFOTUR LATAM
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