The Irish Times publica una historia sorprendente: Michael O’Leary está preparando a Ryanair para una depresión económica. Cree, dice el periódico, que viene una fuerte sacudida y pretende que su empresa está preparada. Ciertamente, la fortaleza de Ryanair está en que ha crecido cuando sus rivales estaban débiles y parece que de eso ha aprendido.
Los beneficios de Ryanair han caído un 34 por ciento debido a que el descenso de la demanda ha obligado a forzar los precios para mantener la ocupación, todo ello con el precio del combustible disparado. Por ejemplo, la aerolínea admite que a día de hoy sólo el 40 por ciento de los asientos de septiembre están vendidos y que eso es muy poco.
Los problemas de Ryanair en realidad no existen porque no tiene deudas. Pero sí sabe que para crecer ha de aprovechar los momentos oportunos. Los rivales, ante una crisis, si es que llega a tener lugar, si no están saneados y no lo están, tienen dos alternativas: o reducir rutas o subir precios. “Algunos van a aguantar perdiendo dinero heroicamente”, vaticina O’Leary, intentando captar al viajero con el wifi gratis, lo que el directivo de Ryanair compara con “estarse ahogando en el Titanic mientras sigue sonando la melodía del violín”.
En cambio, el Times dice que el panorama en Ryanair es muy diferente: sin deuda, habiendo recomprado 700 millones de euros en acciones y con 2.800 millones de euros líquidos en el banco, la compañía cree que es momento de estar preparada para “eventualidades imprevistas”. Por eso, aún quiere llegar a los 4.000 millones de euros de liquidez en caja, para tener certeza absoluta.
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