Y Río, siguió bailando

Como comenté en artículos anteriores, Brasil tiene un significado muy especial para mí: soy brasilera de nacimiento y lo he recorrido muchas veces, pero esta experiencia es diferente.

La editora de viajes de Infotur Latam se encuentra viajando por la costa brasilera y esta semana llegó a Río de Janeiro. Acá sus impresiones

Llegar a este destino en pandemia y con el ojo del mundo encima por la variante delta generaba mucha expectativa y temor, sobre todo Río de Janeiro por ser la ciudad emblema de la fiesta brasilera.

De Paraty a Río

Ya conté anteriormente que este viaje está orientado en Paraty, núcleo turístico de la “Costa Verde” que abarca la costa paulista y la carioca (en este artículo pueden leer más sobre este hermoso destino Manejando de Sao Paulo al paraíso) y que fue nuestro punto de partida esta semana.

Mi compañero de ruta y yo tenemos como premisa fluir con el momento, así que decidimos a las 10 de la noche salir en el carro rumbo a Río. Nos esperaban poco menos de 300 km llenos de curvas y vegetación a ser recorridos en unas 5 horas, es decir, un viaje nada ligero si consideramos además la lluvia, pero él tiene mucha experiencia manejando en la zona así que suelo confiar.

A hora y media de Paraty está Angra do Reis, puerto del cual se sale para visitar la famosa Ilha Grande. Angra es una ciudad más grande que Paraty y mucho más comercial, pero en lo personal no es un lugar que me atraiga así que, pese a ser tarde y al cansancio, decidimos seguir hasta Rio.

Un detalle: desde el inicio de la ciudad carioca hasta el centro turístico (Ipanema, Copacabana) se recorre una hora aproximadamente. Río es enorme. Sus playas íconos son una pequeña porción de lo que ofrece esta ciudad.

Llegamos a las 3 de la mañana al hotel Arena Ipanema, nuevo y muy moderno orientado a parejas y solteros. Cuartos pequeños pero cómodos y bonitos, una terraza con una piscina con vista espectacular a la playa de Ipanema, gimnasio, spa y ambientes cálidos acompañados de una atención de primera. Un comentario: el personal estuvo en todo momento pendiente de cada detalle, con ese carácter carioca tan simpático.

Río, la sorpresa

Algo que nos llamó la atención es que, al llegar, no había gente en la calle. Si, eran las 3 de la mañana, pero Río es como Madrid: siempre está pasando algo, pero en este caso, no. Tanta fue nuestra sorpresa que pensamos que tal vez estaríamos en toque de queda, pero no.

Con esa primera impresión de cuidado salimos el día siguiente y todo cambió: la gente en calle sin mascarillas, los restaurantes reventando, los bares con cola, la gente en la playa y la vida en plenitud. No exagero al decir que en muchos momentos la única con mascarilla era yo.

Al buscar hoteles (es verdad, lo hicimos a las 23:50 en pleno camino) vimos que los precios en general estaban igual que siempre y la disponibilidad era relativa, señales que demanda había y lo comprobamos al llegar a nuestro hotel: si bien no es un lugar económico, estaba lleno y de turismo interno.

En Río no es obligatorio usar mascarilla en lugares abiertos. El aforo en los lugares públicos es el normal y están llenos. Una noche, un amigo nuestro nos quiso llevar a dos bares y, pese a ser miércoles, la cola para entrar era de más de una hora. Y eso que uno de los locales tenía tres pisos. Nos contaron que a partir del jueves las calles de Leblon están reventando, al punto que es difícil caminar. La fiesta regresó a Río y con fuerza.

Las playas también siguen tan vivas como siempre: bañistas, vendedores y los típicos grupos jugando a la pelota en círculo. Por momentos había que recordar que en un inicio teníamos cierto temor de venir.

Sin embargo, si bien el entorno es absolutamente amigable y te hace relajar, el cuidarse es responsabilidad de cada uno. Cada uno decide qué medidas tomar y cómo protegerse. Para nosotros, la mascarilla es un must permanente y optamos por ir a sitios más tranquilos como terrazas abiertas y con poca gente. No es momento para estar en el lugar de moda.

Turismo interno

Es necesario resaltar la fuerza del turismo interno. Río está lleno de brasileros, cosa extraña. Los brasileros han salido a recorrer su país, a mover la economía y a disfrutarlo lejos de tantos visitantes extranjeros. Y eso mantiene la ciudad lo suficientemente viva.

Nos quedamos solo un par de días en los que recorrimos bastante y repito acá lo que estuve diciendo en ese tiempo: qué bonito es Río. No importa las veces que venga, siempre mis ojos al visitarlo son de admiración y sorpresa.

Fotos y texto: Andrea Chaman (Enviada especial a Brasil)
Infotur Latam
prensa@infoturlatam.com

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