Un relato de leyenda: Sueños y promesas en la cascada del amor

Promesa de amor es la cascada que refresca el bosque del centro poblado Nueva Betania del distrito de Pangoa (Satipo, Junín). Su nombre está relacionado a los sueños de un colono que, en sus andanzas por la selva inexplorada, fue atraído por el sugerente canto de una sirena. Lo que sucedería después será relatado en esta crónica en la que el autor, motivado por esta historia de encuentros y desencuentros, se anima a hacer y a proponer más de una promesa.

Con sus cantos seductores, las sirenas distraen, obsesionan y obnubilan a quienes exploran la selva montañosa. Al escucharlas, los hombres desdeñan el peligro, vencen sus miedos y desvían sus pasos para enfrentarse a los laberintos del verdor, a los abismos profundos y a las quebradas de escalofrío, entonces, abren trochas y se internan en el monte desconocido.

No es tarea fácil. Solo los más osados e impetuosos logran su objetivo, aunque es complicado definir con certeza si se trata de un hallazgo afortunado o si es el principio de una historia aciaga, porque tras la sorpresa inicial y justo en el momento del flechazo romántico tantas veces descrito en las novelas rosas, ellas desaparecen súbita y misteriosamente en las aguas cristalinas de una cascada.

Con el corazón atribulado, se reinicia la desesperada búsqueda. Es inútil. No la encuentran. Nunca vuelven a encontrarla, al menos en esas aguas que se precipitan acrobáticamente. ¿Realmente la vieron o solo la imaginaron? Dudas, angustia, incertidumbre en un momento en el que ellos no saben ni sospechan que lo peor sucederá después, siempre después.

Don Germán Rojas Rondón tampoco lo sabía cuando en la selva prodigiosa del actual centro poblado Nueva Betania del distrito de Pangoa (Satipo), escuchó ese canto tentador que lo llevaría a abrirse camino entre el follaje enmarañado, que lo guiaría hacia la ‘piscina’ natural en la que estaba ella, sí, ella, que era increíblemente hermosa y que con su mirada lo invitó a acercarse.

Fue un engaño. Don Germán, el colono que nació en los Andes, el emprendedor que ‘sembró’ la primera finca de café en estas tierras, no podía creer su buena y mala suerte. Había tenido el privilegio de contemplar a un ser mitológico, pero, al mismo tiempo, sufría la decepción de verla desaparecer. Eso no podía aceptarlo y buscó y exploró y encontró tres caídas más, tres saltos acuáticos en los que no estaba ella.

Pero ese no sería el final del relato de Edwing Rojas Surichaqui, quien nos recibe en la cascada descubierta por su padre allá por el año 62 del siglo pasado, quien nos diría que después de ese vistazo fugaz, la sirena -vayan ustedes a saber cómo- se las ingeniaba para aparecer en los sueños de su progenitor, con el pérfido propósito de hacerle promesas de amor que jamás cumpliría.

Y fueron tantos sueños, tantos años de apasionadas declaraciones, tantos juramentos falaces que, el 13 de setiembre de 2002, los ciudadanos del centro poblado decidieron por unanimidad llamar Promesa de Amor, a la cascada hallada por don Germán, en esa tarde en la que salió “a cazar animales por las orillas de un riachuelo el cual bautizó con el nombre del río Túpac”.

Eso no me lo contó Edwing. Eso lo leí en el panel informativo que le da la bienvenida a los viajeros que no somos expertos en avistamientos de sirenas, pero que sin duda hemos hecho una o varias promesas de amor. Cumplidas o incumplidas, eso queda en la conciencia de cada uno y, tal vez, quizás, este es el momento justo para cambiar de tema por aquello del techo del vidrio y la casa del jabonero.

Es lo mejor. No es bueno hablar de caídas ni resbalones cuando se enrumba hacia la primera de las cuatro caídas de una cascada en la que -si me permiten un consejo- las parejas tienen que ser extremadamente cautelosas. “Aquí -precisa Edwing- los enamorados que se hacen promesas no se separan nunca”. Así que mucho cuidado con lo que le dices a tu compañero o compañera.

Advertido están. Nada de estar haciendo promesas de dudoso cumplimiento, como lo hacía la sirena de don Germán, la sirena que busco y no encuentro en ninguna de las cuatro caídas, tampoco en la poza natural en la que me doy un tímido chapuzón, mientras observo el panorama boscoso y soy víctima de un ataque con pretensiones de carnaval, por mis ocasionales compañeros de ruta.

Fue ahí, en esas aguas rumorosas y relajantes, donde a pesar de las recomendaciones, me atrevo a prometerle a la sirena -que no veo ni en sueños- y a la memoria de don Germán, que escribiría su inédita historia de amor, para que muchos la conozcan y se animen a hacer sus propios juramentos en este pedacito de la selva biodiversa, de esta selva que debemos cuidar y proteger.

¡Vaya!, esas frases son perfectas para una gran promesa de amor por nuestra tierra y un apasionado compromiso por la salud de nuestro planeta. ¿Las hacemos? ¿Las cumplimos? Ustedes que opinan.

DATOS

La ruta: Satipo se encuentra a 450 kilómetros de Lima. El viaje por carretera dura aproximadamente 12 horas (hay servicio todos los días).

La cascada: Localizada a 1223 m.sn.m. y 46 kilómetros al sureste de Satipo y con una altura de 40 metros, Promesa de Amor está rodeada de la densa vegetación propia de la selva alta. Sus aguas -que tienen una temperatura de 22°C- provienen de diversos manantiales y riachuelos.

Acondicionada: La cascada cuenta con infraestructura turística y con protocolos sanitarios que les dan seguridad a los turistas.

Dónde comer:

*En el Fundo Laguna Azul de Nueva Betania (camino de la cascada y a 20 minutos de San Martín de Pangoa), donde además de degustar los platos más representativos de la región, podrá conocer los avances de un proyecto que busca recuperar el bosque. Más información en su página de Facebook.

*En el Restaurante Turístico La Rústica de Pangoa que ofrece una variada propuesta gastronómica y una interesante carta de bebidas. Visítelo en la calle 26 de marzo con San Daniel, urbanización Villa Chavini, San Martín de Pangoa. Si requiere más información busque su página en Facebook.

La novedad: A partir de 7 de octubre, Atsa Airlines volará de Lima a Mazamari, uno de los distritos de la provincia de Satipo.

El tour: Viaje con Turismo ZumagPerú (jirón Francisco Irazola 185, interior 15 / www.facebook.com/Agenciadeviajes.Satipo.selvacentral.turismoperu.

Fotos y texto: Rolly Valdivia
INFOTUR LATAM
prensa@infoturlatam.com

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