Un malecón a los pies del Mediterráneo

En la espiritualidad del cubano el mar es energía, paz y fe, y en el lejano Líbano desandar hoy el paseo marítimo de Beirut, acorta la distancia entre las aguas del Mediterráneo y el Caribe.

A miles de kilómetros, muchos símbolos son recurrentes y al igual que en el malecón de La Habana, acá en la “Corniche” beirutí encuentras a pescadores, corredores, vendedores ambulantes, cantantes y parejas de enamorados.

Dos rocas gigantes que emergen del mar, palmeras, edificios de apartamentos lujosos, restaurantes y cafés junto al acantilado, bordean el paseo marítimo de la urbe libanesa.

Como centinelas, Las Rocas de las Palomas (también conocidas como las Rocas de Raouché por su ubicación frente a una zona residencial y comercial) perduran en el tiempo y realzan la belleza del lugar.

En torno a las dos enormes formaciones rocosas, un halo de creencias populares las rodea, muchos atribuyen su origen a los restos de un monstruo marino de la mitología griega.

No importa el horario del día, las largas filas de carros que dificultan el parqueo, el frío o calor, los libaneses y turistas internacionales acuden al paseo en busca de descanso, disfrute y una foto para el recuerdo.

Por su extensión, el paseo adorna las lujosas avenidas París y General de Gaulle y bordea la ciudad desde el occidente de Zaytuna Bay hasta la playa, más allá de las Pigeon Rocks y las cumbres del Monte Líbano en el lado oriental.

El paseo marítimo de Beirut y sus alrededores intentan ocultar la penuria de los libaneses y barnizar con hoteles, restaurantes y marinas el escenario de crisis que atraviesa el país.

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