Satipo: Las mil ansias de un viajero que retorna a los caminos

Mentalizarse: viajar es como montar una bicicleta. Nunca se olvida, aunque quizás el cuerpo no piense lo mismo y se resienta y proteste y hasta haga notar que mi físico -mi buen físico andariego- se quedó en casa después de tantos meses de encierro, de aislamiento, de caminatas que no iban más allá del mercado y de mochilas convertidas en bolsas para transportar las compras de la semana.

Después de muchos meses de encierro, el autor de esta crónica abandonó su ciudad con la intención de buscar historias y hacer fotografías. El ansiado retorno y las diversas sensaciones que este generó en el periodista, son relatadas en la siguiente crónica, la primera de una serie que nos llevará a conocer distintos atractivos naturales de la provincia de Satipo (Junín). Acompáñenos en esta aventura por el verdor de la selva central

Pienso, dudo, quiero tranquilizarme. No comas ansias -me digo-, tampoco las galletitas que recibo en el bus que ya partió, que ya salió de Lima, que ya se acerca a Ticlio, que ya mañana llegará a Satipo y sus promesas de excursiones a campo abierto. Allá no hay multitudes y es obligatorio el acercamiento a la naturaleza y a las tradiciones de los hermanos ashaninkas y nomatsigengas.

Pero no debo adelantarme ni comer ansias, me lo repito mil veces, las mismas mil veces que me acomodo las mascarillas que no me voy a quitar -es el protocolo, es mi convicción- ni siquiera para comer esas galletitas que quiero devorar o respirar sin ninguna barrera, como en esa normalidad en la que no existían pantallas faciales, declaraciones juradas ni las cortinitas que separan a los pasajeros.

Mejor no. En boca y fosas cerradas no entra el virus. Es mi consigna y la repito -sí, ustedes acertaron- mil veces mientras trato de dormir con el barbijo puesto. No es fácil, como no será fácil volver a transitar por las trochas que se entrometen en las montañas boscosas, que descienden a los pies de unas cataratas impetuosas, que engañan a las pisadas confiadas con su fango traicionero y sus piedras resbalosas.

Y duermo, a pesar de todo duermo y hasta sueño entre las curvas y la altura de la carretera Central, adelantando las visiones de mi próximo destino –el bosque, las cascadas, las comunidades nativas, las aventuras gastronómicas-. También me veo agotado, acalambrado y vencido, escuchando las arengas de mis compañeros, quienes tratan de convencerme de que falta poco, de que si voy a lograrlo.

Todo es inútil. Me resisto a dar el siguiente paso. Estoy fundido… pero es solo un sueño o es la proyección de lo que podría sucederme después de mi larga para cortesía de la pandemia, ese periodo sombrío que aún continúa y me obligó a convertirme en un viajero sin viajes, en un periodista sin rutas que describir, en un fotógrafo sin travesías, paisajes y fiestas por retratar.

Una tragedia minúscula, acaso insignificante, dentro de un drama universal que no sabemos cuando terminará, pero los caminos llaman y los escucho a pesar de mis dudas… y me mentalizo y armo la mochila y ya estoy en el ómnibus acercándome a Satipo. Lo sé porque el horizonte es verde y cerril y hace calor a pesar del cielo nublado y el asfalto carretero está humedecido por la lluvia.

Ya no como ansias -me empaché con las mil-. Ya no quiero especular sobre calambres ni ampollas ni convencerme de que viajar es como manejar una bicicleta. Solo quiero buscar historias. Solo quiero respirar aire de biodiversidad mientras enfoco y disparo mi cámara. Solo quiero sentirme completo, más allá de los carteles de advertencia, de los protocolos, del alcohol y las mascarillas.

Sí, y como ya estoy completo, lo escribo, lo comparto, me animo a contarles lo que viví ante de llegar, para invitarlos a reencontrarse con los destinos -si todavía siguen en casa, siempre en casa- o a seguir explorando el Perú con cautela y respetando fielmente las medidas sanitarias, por más que nos moleste o incomode mantener la distancia, descartar los abrazos, caminar con respiradores.

Esa es la única manera de cuidarnos y de cuidar a los demás, de evitar o atenuar la tercera ola, de comprobar que viajar -finalmente- es como manejar bicicleta: jamás se olvida, como quedaría evidencia al bajar del bus -con las galletitas intactas y a buen recaudo para cualquier emergencia-, con la acomodación fugaz en un hotel, con la partida apresurara y gozosa hacia la primera catarata del itinerario.

Valle Sagrado es su nombre. ‘De los incas’, le agregan algunos por más que en la zona no se devela ningún legado cusqueño. Ese sería el primer reto y el de mayor dificultad, anunciaría el Che Zúñiga, un incansable promotor de Satipo y el VRAEM; pero no le creo. Soy desconfiado y, así, con desconfianza reestreno mis pasos en una trocha que parte de la comunidad nativa Alto Cubantía del distrito de Pangoa.

Lo que sucedería en esa y otras trochas, lo relataré en mis siguientes crónicas, si me permiten el suspenso, si me permiten la ‘maldad’ de hacerlos comer ansias, mil ansias, hasta el próximo domingo. Por ahora, los invito a soñar -con o sin mascarilla- con las cascadas y las caídas de agua, con los pueblos ancestrales y los sabores profundos de Satipo, el destino elegido para reactivarme y volver a estar completo.

DATOS

La ruta: Satipo se encuentra a 450 kilómetros de Lima. El viaje por carretera dura aproximadamente 12 horas (hay servicio todos los días).

La novedad: A partir de 7 de octubre, Atsa Airlines volará de Lima a Mazamari, uno de los distritos de la provincia de Satipo.

Dónde dormir: En esta ocasión se pernoctó en el hotel Victtorios (Jirón Ricardo Palma 460 / www.victtorioshotel.com.

Dónde comer: En la ciudad visite Flor de Jamaica (jirón San Martín 318) y pruebe la cerveza artesanal flor de Jamaica; y el restaurante turístico Poshini (jirón Julio C. Tello 455 / www.facebook.com/poshiniperu), un buen lugar para explorar los sabores de la selva.

El tour: Viaje con Turismo ZumagPerú (jirón Francisco Irazola 185, interior 15 / www.facebook.com/Agenciadeviajes.Satipo.selvacentral.turismoperu.

Fotos y texto: Rolly Valdivia
Infotur Latam
prensa@infoturlatam.com

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