Pozuzo: El destino final de la ruta de los colonos y arrieros

Ella no encuentra más palabras. Se perdieron. Todas empezaron a perderse cuando la evocación y la nostalgia se unieron para acelerar su corazón, para formar un nudo en su garganta, para quebrantar su voz justo en el instante en el que invocaba a los jóvenes a recorrer los caminos de sus antepasados, entonces, sus sentimientos se desbordaron, apretando aún más el nudo en la garganta.

Donde el autor narra el cierre de la 3ra Caminata Internacional de los Andes 2022, un peregrinaje histórico y ecoturístico que se realizó del 22 al 24 de julio para unir las regiones de Huánuco y Pasco. Sorprendido por el recibimiento en Pozuzo y por el éxito de la travesía, nuestro colaborador cuenta por los pormenores de una jornada extraordinaria que se iniciaría con una lluvia inesperada con pretensiones de mal presagio

“La verdad la emoción me hace que… ya no sé ni que decir; solo gracias, mil gracias”, concluye trémula, mientras posa una de sus manos en el pecho, justo en el lado del corazón. Es el gesto sincero e inesperado de una mujer que hace tan solo unos minutos, recibía con aplausos a los andariegos que transitaron una ruta que ella también recorrió, aunque no atesora ningún recuerdo propio.

Es lógico. Era tan solo una niña cuando padeció los rigores de esa geografía cambiante y complicada, de ese trayecto agotadoramente kilométrico que une regiones, provincias, pueblos, centros poblados y caseríos, de esa vía legendaria que ya empieza a quedar en el olvido. Pocos la conocen. Casi nadie la camina, como si esas pendientes y descensos no fueran importantes, no tuvieran historia.

“Yo cumplí dos años bajando Tambo de Vaca, congelándome de frío, según me contaba mi mamá”, revela trémula Eva Solleder de Ballesteros -cabellos de plata, lentes oscuros, vestido blanco con puntos negros y un delantal rosado- antes de que su voz se quebrara y desaparecieran las palabras.

Todas las palabras que ella quería pronunciar en ese domingo emotivo e inolvidable de corazones desbocados y nudos en la garganta, al saber que a doña Eva le hubiera “gustado mucho hacer ese recorrido alguna (otra) vez en mi vida”, pero no pudo, nunca pudo hacerlo. Los años pasaron y ese anhelo se fue postergando hasta convertirse en un imposible.

“Ya (lo) he dicho antes, hoy en día, mi edad no me lo permite”, admite con sinceridad y con una pizca de desazón en la plaza del pueblo al que arribó con su familia el 3 de diciembre de 1953, cuando ninguna carretera conectaba a Pozuzo (Oxapampa, Pasco) con el resto del país, cuando la única manera de romper el aislamiento era aventurarse por ese sendero que siempre será de los colonos y los arrieros.

Ese fue el trayecto que tomaron ‘prestadito’ los hombres y mujeres que, después de tres días de esforzado trajinar por la cordillera y la selva montañosa, escuchan desde unas sillas de plástico y bajo un toldo protector, el mensaje de la presidenta de la Casa de Cultura de la Asociación de Historia y Cultura de Pozuzo, quien fuera condecorada en 2009 con la Orden del Águila en Plata por el gobernador de Tirol.

Al oírla. Al verla conmovida. Al entender y compartir su entusiasmo, se dieron cuenta de que su travesía pedestre fue muchísimo más que un desafío personal. Sus pasos -a veces certeros, otras tantas inciertos- lograron avivar el pasado, la nostalgia, la gratitud hacia los colonos austroalemanes que forjaron el distrito y los arrieros que con sus idas y venidas contribuyeron al desarrollo del mismo.

Memoria. Siempre necesaria e importante para descubrir quienes somos y de donde venimos. Es por eso que doña Eva -antes de ‘ya no saber ni que decir’- invocó a “la juventud pozucina (a) que conozca la historia de sus antepasados”, aquellos que vencieron grandes distancias para labrarse un futuro en un país distante, ajeno, completamente desconocido. Ellos lo dejaron todo. Ellos lo hicieron todo.

Despierta la lluvia

Y hay abrazos, brindis y bailes tiroleses en aquella plaza que recibió con palmas y sonrisas a los recién llegados, a los aguerridos que partieron de Muña, que pernoctaron en Tambo de Vaca, que remontaron el abra Portachuelo y que hoy despertaron en Cushi, a 1780 m.s.n.m. Llovía. Desde antes del amanecer las gotas repiqueteaban -sin furia, pero sin pausa- en el techo de un cuarto compartido.

¿Sería un mal presagio o una extraña señal de despedida? Mejor no pensar en ello y levantarse y rearmar la mochila y buscar sin encontrar ese impermeable que se quedó en casa. ‘Que pare la lluvia, por favor’, le pides al cielo sombrío y a sus nubes congestionadas, cuando abandonas tu refugio nocturno para emprender el último tramo. Doce kilómetros de pura bajadita hacia Tingo Mal Paso (800 m.)

Bueno, no tan pura. Faltaba una pendiente, solo una, esa una que marcaría el inicio del día andariego, esa una que, al remontarla, haría que Cushi comenzara a convertirse en un recuerdo vívido e intenso. Tus primeros pasos. Tu cuerpo se activa. Resistes. Te sientes bien, acaso porque la lluvia ha cesado o, tal vez, porque varios de tus compañeros se detienen para reforestar un retazo del bosque.

Los ves, los acompañas, les haces fotografías. Esa acción te reconforta. Es una manera de reconciliarse, aunque sea un poquito, con la Pachamama. A ella la maltratamos como si no fuera nuestro hogar. Nosotros contaminamos los suelos, los mares, los ríos y el viento. Incendiamos las selvas. Descongelamos los nevados. Somos el cáncer que enferma, debilita y rompe el equilibrio del planeta.

Y si bien la Tierra no se recuperará con este acto simbólico, al menos se habrá sembrado o hecho florecer la semilla de la conciencia ambiental entre los participantes de la 3ra Caminata Internacional de los Andes 2022, que congregó a 50 expedicionarios peruanos y extranjeros en la llamada Ruta de Colonos y Arrieros, vía que conecta las provincia de Pachitea (Huánuco) y Oxapampa (Pasco).

Misión cumplida. La naturaleza, con toda su sabiduría, se encargará con la lluvia y la humedad de que los árboles crezcan fuertes y se conviertan en un testimonio de la gran aventura que aún no termina, que ahora se prolonga por una bajada jabonosa. Hay mucho barro. Alerta. Precaución. ¿Miedo? Otra vez tus pasos cortitos, timoratos, cuidadosos… pero constantes.

Y te alcanzan, te pasan, te dejan atrás. Eso no te preocupa ni te incomoda. Total, no es una competencia. Avanzas. No te detienes. Esperas que el camino se apacigüe, se torne amigable para redoblar tu marcha, pero sin dejar de disfrutar del verdor, de las montañas, del río que parece perderse en la profundidad, del aliento refrescante de una catarata de aguas impetuosas.

El final del camino

Sabes que falta muy poco, casi nada si tienes en cuenta todo lo recorrido. “Dos horas, Valdivia, solo dos horas”, te había advertido Raúl Cabello Aquino -el cerebro y el corazón organizativo de esta travesía- cuando observaban juntos el devenir del río Huancabamba, que discurría a los pies de los macizos que se yerguen imponentes en la sinuosa geografía de la selva alta.

“Una hora”, te animaría después el arriero de nombre olvidado que, en la víspera, te recibiría con un cafecito fríamente dulzón al terminar la tortuosa bajada de Saria, al arribar a la playa del río Consuelo, al posar al lado del cartelito que daba la bienvenida a Cushi. Perdón, ¿cómo te llamas? Ay, no aprendiste la lección. Vuelves a confiar en tu memoria. El resultado es el mismo: la omisión y el olvido.

La edad, te consuelas, la edad y el calor y el agotamiento y las ganas de llegar ya. “Solo falta media hora”, te aseguran en la casa campesina y ganadera en la que te detuviste para tomar un refresco de quito o naranjillo, un fruto que abunda en estos campos de paltas gigantes y granos de café que, por su sabor y calidad, comienzan a conquistar mercados, a generar esperanzas.

Media hora. Solo 30 minutos para cruzar el puente colgante de Tingo Mal Paso. Vamos, no te desesperes. Mantén tu ritmo. No aflojes ni te confíes. Concentrado, Valdivia, concentrado. No vaya a ser que des un mal paso justo antes de llegar al mal paso que está al frente, al otro lado del río. Hacía allá vas, haciendo las últimas fotos, cerrando los puños y agradeciendo a los Jirkas que no dejaron de protegerte.

Lo lograste. Alégrate, sonríe, festeja. Y quieres brindar, descansar, escribir tus vivencias. Cuando eso ocurra, cuando le pongas el punto final a esta crónica, recién podrás decir ¡reto cumplido!, y, al igual que la señora Eva, darle las gracias, todas las gracias a aquellos que te permitieron andar durante tres días por esa ruta ‘prestadita’ por los colonos y arrieros, esa ruta que quedará marcada en tu corazón (mi corazón) hoy, mañana… ¡siempre!

Infodatos

*La ruta: la travesía pedestre comenzó en el centro poblado de Muña. Desde este punto se caminó hacia Tambo de Vaca (9 kilómetros, aproximadamente, 7 de subida). El segundo día se unió Tambo de Vaca con el caserío de Cushi (18 kilómetros de ascenso, descensos y zonas pantanosas). El tramo final fue entre Cushi y Tingo Mal Paso (ingreso a Pozuzo). La distancia aproximada fue de 12 kilómetros.

*Positivo: Después de la caminata el Gobierno Regional de Huánuco y el Instituto de Desarrollo del Sector Informal (Idesi) han decidió impulsar la puesta en valor de la Ruta de Colonos y Arrieros. Este esfuerzo, que es parte del proyecto Eco-Huánuco será financiado por la cooperación alemana.

*Aventureros: El trayecto coincide con el tramo final seguido por el segundo grupo de ciudadanos austroalemanes que colonizaron Pozuzo, en la actual provincia de Oxapampa. Su travesía concluiría en octubre de 1868.

*Los organizadores: La caminata contó con el auspicio y apoyo de Ecoselva, Idma, EcoPozuzo, Asociación Civil Cultural Roger Vidal Roldán, Gobierno Regional de Huánuco, Gobierno Regional de Pasco, Dircetur Pasco, Dircetur Huánuco, Municipalidad Distrital de Pozuzo, Cooperación Alemana, Prusia Tours, High Expeditions, entre otras instituciones y empresas.

*Internacional: En la ruta participaron caminantes de Perú, Alemania, Ecuador y Costa Rica.

*El retorno: Después de su intenso trajín, nuestro periodista andariego volvió a Lima desde Oxapampa en Cruz del Sur. La comodidad de sus asientos y la seguridad en el manejo de sus experimentados pilotos, fueron ideales para recuperar energías y llegar renovados a la capital.

Fotos y texto: Rolly Valdivia
INFOTUR LATAM
www.infoturlatam.com

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