Manhattan en 48 horas

Empecemos por el inicio, como debe ser: Brasil fue mi hogar por un mes y regresé a Lima hace un par de semanas, con un viaje planeado con mi papá a Nueva York. Fueron diez días entre ambos destinos para retomar la rutina y tratar los pendientes. Cuando llegó el momento de emprender vuelo (literalmente llegando al aeropuerto) caí en cuenta que no podría viajar: Estados Unidos tenía prohibida la entrada a quienes hayan estado los últimos 15 días en ciertos lugares considerados de riesgo por el COVID y Brasil era uno de ellos. Confirmando la información en el aeropuerto (LATAM se portó de maravillas) solo me quedó desearle suerte a mi papá, un hombre de 70 años no acostumbrado a viajar solo, y esperar a que se cumpla la cuarentena solicitada.

La editora de viajes de Infotur Latam pasó 48 horas recorriendo Manhattan y nos comparte las mejores opciones para disfrutar de la ciudad que no descansa

Debo concluir este preámbulo mencionando que, preocupada por mi papá solo en Manhattan, avisé a nuestro hotel, el InterContinental del Time Square, de la situación y no pudo estar mejor atendido. Fue una enorme tranquilidad saber que mi papá estaba en tan buenas manos y en un lugar tan bonito y céntrico. ¡Muchas gracias!

Ahora sí, vamos al punto de este artículo: luego de terminar mi respectiva cuarentena llegué a Manhattan con menos tiempo del planeado, pero con las mismas ganas de exprimir la ciudad. Solo tenía 48 horas. ¿Qué hacer?

Primer día: Midtown

He estado varias veces en Manhattan, pero es un destino que jamás deja de sorprender ni terminas de conocer. Como hace algunos años no lo recorría quise disfrutarlo como si fuera mi primera vez y, a la vez, ver cuál era la energía, el ritmo de la ciudad post pandemia.

Time Square

Empezamos el día en el símbolo de la ciudad, el Times Square, la famosa intersección de las 5 principales arterias de la ciudad que recibió su nombre por estar ahí ubicadas las oficinas del New York Times. Un lugar lleno de carteles luminosos, personajes y vida. Definitivamente un ícono mundial.

Rockefeller Center

A solo 8 minutos andando llegamos al Rockefeller Center, declarado hito histórico nacional con 19 edificios comerciales, entre ellos los ocupados por la NBC y Radio City Hall. Este complejo fue ideado por el famoso magnate Rockefeller a finales de 1920, cuando quiso impulsar su barrio (él vivía a pocas cuadras) con edificios que le dieran valor comercial a la zona. Hoy en día, la plaza central es la sede del famoso árbol de navidad de la ciudad junto con una pista de patinaje sobre hielo y, en fin, todas esas imágenes características que vemos en las películas.

Bryant Park

Caminando por la Quinta Avenida, símbolo de la riqueza de Manhattan al ser de las zonas más exclusivas para comprar, llegamos a Bryant Park, uno de los lugares más concurridos del mundo, según dicen, con visitas anuales que superan los 12 millones. Es un parque relativamente pequeño (no hay comparación con el Central Park) en el que encuentras mesas y sillas de uso libre con gente jugando ajedrez, leyendo, tomando algo o simplemente contemplando. Es un parque en el que todos los días hay actividades programadas, tales como tenis de mesa, cine abierto (también imagen clásica de películas), carrusel, estantes con libros para lectura gratuita, etc. Se puede comprar algo en un bar o cafetería, el típico hot dog o cualquiera de las variadas opciones para disfrutar un rato en el jardín rodeada de los enormes edificios que lo flanquean. Detalle: el baño público es especialmente limpio y bien decorado.

Algo que me llamó la atención fue la nueva sede de la Biblioteca de Nueva York, a poca distancia del Bryant Park: en el rooftop tiene un espacio de trabajo construido con ventanales, de acceso gratuito, donde se puede ir a trabajar con la tranquilidad del lugar y una vista privilegiada.

Rooftop

La tarde iba avanzando y, al estar a finales de setiembre, el sol se oculta a las 18:00 así que buscamos un lugar para ver los colores del cielo desde lo alto: el 230 Fifth Rooftop fue el elegido.

Un lounge con ambiente neoyorquino moderno, terraza panorámica con vista directa a Manhattan y, en especial, al Empire State y otros edificios icónicos como el Bank of America Building, el 432 Park Avenue y mi favorito, el New York Life Building. Los puntos a favor de este lugar: no necesitas reserva, abierto y amplio, vista espectacular y precios bastante accesibles (cocteles desde US$ 9,00). Los puntos en contra: no puedes dejar de observar la ciudad. Dejé a mi compañero solo varias veces (no era mi papá por si acaso) porque estaba fascinada con las vistas que los diferentes espacios ofrecían.

Cuando vi la cola al llegar no quise entrar (no soy muy paciente cuando se trata de entrar a algún lugar, menos en ciudades con tanta oferta), pero mi compañero me convenció y se lo agradezco. La cola avanza bastante rápido y el sitio vale totalmente la pena. Es un sitio de ropa casual y a partir de setiembre es mejor ir bien abrigado.

Segundo día: East, South y West

Grand Central Terminal

Agotados pero felices, el segundo día quisimos dedicarlo a la “periferia” de la ciudad, pero antes hicimos una rápida visita al Grand Centra Terminal, la estación de trenes más grande del mundo en número de andenes. Este lugar, cuyas bóvedas de ladrillos fueron abiertas en 1913, es pura historia de ingeniería y arquitectura de Manhattan, y que, además, se ha reinventado para convertirse en un destino en sí con 35 restaurantes, 60 tiendas y múltiples eventos diarios. Visita recomendable.

World Trade Center

Ahora bien, hasta este punto habíamos hecho todo caminando (gracias al reloj de mi compañero sabíamos que teníamos más de 20 mil pasos recorridos en esta ciudad), pero había llegado el momento de tomar nuestro primer Uber con destino al sur: el World Trade Center.

Para llegar recorrimos la FDR, la avenida que da inicio a las famosas Primera, Segunda, Tercera, etc, Avenidas y que bordea la zona Este con vista a Brooklyn y Willamsburg y los respectivos puentes. Lindo trayecto.

Llegamos al World Trade Center y sus nuevos rascacielos y terminal nos dieron la bienvenida. Habían food trucks llenos de colores y mensajes en las paredes llenos de amor que contrastaban de manera visualmente poética con la rigidez de la infraestructura.

Visitamos el 9/11 National Memorial, un bosque de árboles con dos piscinas gemelas en el centro, construidas en los que fueron los cimientos de las caídas Torres Gemelas, con los nombres de las víctimas talladas en los bordes. Por más que sea un lugar altamente turístico, es emocionante visitarlo. Y hermoso.

Había llegado el momento de irnos a la zona Oeste de la ciudad y quisimos tomar el metro. Manhattan sin metro no es lo mismo. Además, el terminal de este lugar tiene un centro comercial que realmente es impresionante visitar.

Meatpacking District

Bajamos en nuestra estación y, luego de cruzar el pintoresco Chelsea Market, llegamos al Meatpacking District, unas pocas cuadras que se han convertido en el distrito con más carácter de la ciudad.

Lleno de edificios industriales que servían como empaquetadoras de carne y calles de adoquines, donde hace unos años el ambiente podría haberse definido como sórdido, hoy en día en el punto de encuentro de diseñadores y aquellos que marcan tendencia.

Un lugar donde se va de fiesta, shopping, se disfruta de restaurantes preciosos y el contraste entre lo pasado y las nuevas tendencias te mantiene constantemente alerta. El mayor encanto, creo yo, es que se ha mantenido gran parte de los edificios originales y eso es un viaje en el tiempo.

Aquí encontramos el High Line Park, un paseo construido sobre una vía férrea elevada, lleno de verde y unas vistas maravillosas a la ciudad. Restaurantes, tiendas y bares acompañan el recorrido.

En esta zona también encontramos la Little Island, una isla construida con las donaciones de los pudientes de la ciudad. Un diseño moderno, al que se accede a través de un pequeño puente peatonal, lleno de niveles que permite buenas vistas a Jersey.

La zona Oeste se caracteriza, además, por las facilidades para hacer deporte, sobre todo running y cycling. No es mi intención actual.

Central Park

La tarde se nos terminaba, así que tomamos el segundo Uber con dirección a otro ícono: el Central Park, pero primero, una rápida visita a Columbus Circle, la intersección entre varias avenidas importantes y que es famosa por sus tiendas y las empresas que tienen sus sedes ahí. Trump se hace presente con un par de edificios en la zona.

Luego de recorrer por una hora la parte sudoeste del parque emprendimos el camino a la Saint Patrick Catedral, pero dada la hora, los tonos rojizos del cielo nos envolvieron nuevamente, esta vez mirando los rascacielos desde abajo. Wow. Descubrir el cielo entre las calles enmarcadas por sus características construcciones, el alboroto típico de la ciudad, los taxis amarillos…hermoso. Ver cómo la ciudad se va encendiendo, como en competencia, o buscando la armonía, con su cielo, es mágico. Creo que esa caminata fue de los mejores momentos en estos días.

Bien, ya en la catedral hicimos una visita rápida de este templo de estilo neogótico, el segundo más grande de América del Norte. En sus inicios, a mediados del siglo XIX, se quiso que fuera la construcción más imponente de la ciudad, pero hoy queda perdida entre los grandes edificios que la rodean. Recorriéndola me di con la sorpresa de encontrar la imagen de Santa Rosa de Lima, creo que no la había en visitas previas.

Ahora sí el día y Manhattan terminaban y no había forma de obviar el respectivo helado en Van Leeuwen Ice Cream. Lo comimos sentados en el Rockefeller Center, repasando el día y soñando sobre nuevos destinos. Manhattan te da eso: alas para volar.

48 horas en esta ciudad no son nada…pero a la vez, fueron 40 mil pasos que nos dieron mucho. Muchísimo.

Fotos y texto: Andrea Chaman
INFOTUR LATAM
prensa@infoturlatam.com

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