La vida en una isla en medio de una selva tropical en Río de Janeiro

Río de Janeiro se vincula inmediatamente con carnaval y playa. Y bueno, con cuidados cuerpos que hacen reflexionar sobre los hábitos personales, pero esa es otra historia. El asunto es que este impresionante destino ofrece mucho más de lo evidente y durante unas semanas tuve el privilegio de explorar una zona maravillosa llena de vida: la mata atlántica.

La editora de viajes de Infotur Latam visitó por unas semanas una zona poco explorada de Río de Janeiro y en este artículo nos cuenta sus impresiones

¿Qué es la mata atlántica?

Lo que hoy conocemos como Río de Janeiro fue, hasta la llegada de los europeos, una extensa selva tropical húmeda llena de manglares, lagunas y pantanos, con toda la fauna y flora que esto implica.

Esta zona, conocida como mata atlántica o bosque atlántico, era la extensión de la selva amazónica hasta el Atlántico y abarca los territorios de Brasil, Paraguay y el norte de Argentina. Pese a su deforestación y abrumadora reducción (es uno de los tipos de selva tropical más amenazados y hoy se mantiene por fragmentos), aún mantiene una de las mayores biodiversidades del mundo.

Pues bien, en esta visita a Río tuve la oportunidad de vivir una experiencia única: la vida en una pequeña isla en el medio de un golfo dentro de la mata atlántica, rodeada de naturaleza y belleza.

Saco de Mamanguá

Desde Río, a unas 4 horas de carretera rodeada de vegetación con dirección al sur, llegamos a la provincia de Paraty, destino del cual pueden leer un poco más en mi artículo de hace unos domingos (infoturlatam.com/manejando-de-sao-paulo-al-paraiso). Esta ciudad, de por sí maravillosa, es el punto de partida para navegar hasta Saco de Mamanguá, un golfo ubicado a unos 40 minutos.

Toda esta zona es una clara expresión de la mata atlántica, donde la naturaleza es la protagonista.

Hay muy pocas construcciones, cosa que parece a primera vista increíble dada la belleza que acompaña cada minuto, pero que se entiende por el carácter de reserva protegida que, felizmente, mantiene.

En el camino se ven varias islas de distintos tamaños llenas de frondosa vegetación, la mayoría con alguna casa escondida entre los árboles y pequeñas playas en la costa. Distintas embarcaciones llenas de turistas que salen de Paraty paran cerca de estos espacios para bañarse.

No exagero al decir que la belleza de esta zona es abrumadora. Hubo días en los que, mientras nos trasladábamos por estos pequeños paraísos, simplemente no podíamos creer que estuviéramos ahí. Nos sentíamos en Asia o navegando por el Amazonas. Así de camaleónico es este espectáculo de la naturaleza.

El destino era Saco de Mamanguá, pero específicamente una isla a unos 10 minutos de sus costas.

La isla perdida

Tengo dos historias cortas que contar antes de entrar al mundo de la isla: la primera vez que fui a Río fue cuando era una niña con mis papás y visitamos Paquetá, una turística isla en la costa carioca. Desde ese día mi papá nos contó historias fantásticas sobre la “isla perdida” que habíamos visitado, aunque no fuera nada perdida, todo lo contrario, pero eso no lo sabíamos y las historias de la isla en Río se volvieron una hermosa fantasía en casa. La segunda es de hace unos 15 años, cuando visité esta parte de Brasil por primera vez. Mientras miraba una playa, asombrada por su belleza, un amigo me dijo “¿te imaginas vivir en este sitio? Sería un sueño”

Pues bien, con esta información dentro hace unos años decidí que, en algún momento, pasaría un tiempo en esta zona. Dónde y cómo ya se vería. Y así llegué a la “nueva” isla perdida, en medio del Saco de Mamanguá, para cumplir ese sueño de tiempo atrás.

Una isla de menos de una hectárea, con una pequeña casa con tres cuartos (el principal en el segundo piso con una vista panorámica impresionante), una cocina exterior en la que es imposible cocinar durante las lluvias y varias terrazas inteligentemente distribuidas fueron nuestro hogar por estas semanas.

La electricidad llega gracias a un sistema de energía solar instalado en la punta de la isla y que, salvo en días nublados donde teníamos que elegir si pasar la noche sin internet o sin refrigeradora, funciona perfectamente. El internet satelital cumple la función de mantenernos conectados con el mundo, pero no tanto como para distraernos de nuestra realidad.

En esta zona llueve bastante (a agradecer por el verde que esa lluvia nos regala) así que los días son todos distintos, pero, a la vez, similares: los momentos de sol son aprovechados para navegar, sacar el kayak, nadar, visitar alguna playa cercana o leer en alguna terraza bajo el sol y en los momentos de lluvia la casa huele más a hogar.

Un detalle: a unos 15 minutos navegando está la casa donde se grabó la cuarta película de Crepúsculo. No vi esta saga así que no estoy muy enterada sobre el tema, pero la zona es visitada por muchos turistas que buscan tomarse fotos donde estuvieron los vampiros.

A 10 minutos se llega a Mamanguá, en la costa, donde hay uno que otro pequeño restaurante y podemos abastecernos de los básicos que necesitamos de emergencia, pero de hecho nos encargamos previamente de no necesitar nada. Cocinar en medio de esta naturaleza es un privilegio.

A lo largo de la costa se ven algunas casas, la mayoría habitada por pobladores de siempre que cuentan historias ancestrales de la zona. Solo se accede navegando a estas casas (no hay carreteras) así que la vida social implica siempre un barco.

Al llegar a Paraty alguien me dijo que la zona abrazaba a quien la pisaba con humildad. Puedo dar fe de ello. Si bien todo lo que cuento suena hermoso, también es duro. Hay que amar la naturaleza y saber convivir con ella, respetándola cada segundo.

Ha sido una experiencia increíble, sin duda. Un sueño cumplido. Y una historia para contar con ánimos de decirles: hay muchas maravillas cerca de nosotros por explorar. Miremos los destinos con otros ojos y dejémonos sorprender. Río no es solo carnaval y playa. Para mí, en este viaje, Río ha sido una maestra de vida y guardo un profundo agradecimiento por cada día.

Fotos y Texto: Andrea Chaman
Infotur Latam
prensa@infoturlatam.com

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