La paz y alegría de Ayacucho

Salimos el viernes a las 07:50 en Latam en un vuelo que duró menos de una hora, así que antes de las 9:30 ya estábamos en nuestro hotel, el DM HOTELES Ayacucho.

Mi papá tenía programado un viaje de trabajo a Ayacucho, así que aproveché en unirme para conocer, junto a él y mi mamá, este destino. Adoro viajar por el Perú y Ayacucho, hasta ese día, había sido uno de mis pendientes y qué mejor manera de recorrerlo junto a ellos

Este hotel es el ex Hotel de Turistas y cuenta, además de una ubicación estratégica y privilegiada en la Plaza de Armas de Huamanga, con amplias instalaciones, un hermoso patio central colonial y cómodas habitaciones.

Me atrevería a decir que el DM HOTELES Ayacucho es de los más visitados de la ciudad, pues según vi la mayoría de sus sesenta y nueve habitaciones se encontraban ocupadas, ya sea por turistas como por personal de empresas de la zona y hasta el equipo de fútbol Melgar de Arequipa, con quienes coincidimos varias veces. Sin duda, el hotel de moda.

El viernes en la mañana fue de ceremonias en el Teatro Municipal por la agenda de trabajo de mi papá y en la tarde la experiencia ayacuchana empezó a lo grande: con una visita a Las Flores, el mejor restaurante de cuy de la ciudad, según nos dijeron.

Los cuyes, chicharrones y la chicha de jora inundaron la mesa. Todo delicioso, pero estaba claro que luego de tremendo festín no habría energías para mucho más, así que regresamos al hotel a una merecida siesta.

Una paz absoluta permitió que el sueño se extendiera por unas tres horas (nos sorprendió que, pese a ser un hotel tan visitado, los ambientes conservaran tanta tranquilidad) y luego llegó la hora de lo que más me gusta: explorar la noche.

La noche en Huamanga

Mi familia es muy musical y yo soñaba con encontrar un lugar con música típica en vivo, con buena comida y tragos y que fuera al aire libre para estar más seguros de algún contagio de COVID, pero eso sí, que no haya frío. Sí, mis papás también se rieron. Ellos estaban resignados a comer algo tranquilo y regresar al hotel…pero no, mi intuición tuvo razón.

A solo media cuadra del hotel, en la conocida como la Plaza de las Aguas llegamos donde El Nino, una antigua casona frente al hermoso Templo de Santo Domingo, el cual, con su sugerente iluminación, le daba una vista inmejorable al local.

Una orquesta en vivo tocando todo tipo de ritmos, una fogata en el centro, un completísimo bar con mucha onda y distintos ambientes con mesas. ¿Qué más? Bueno, excelente comida: resulta que Nino, quien ronda su espacio toda la noche, se inició hace más de veinte años vendiendo pollos a la brasa en un pequeño espacio y ahora, gracias a la excelente calidad de la comida y acertada visión comercial, tiene uno de las mejores propuestas de la ciudad.

La pasamos increíble. Bailamos de todo, probamos unos excelentes tragos y nos sentimos en casa hasta pasadas las 02:00. Y al regresar solo tuvimos que caminar media cuadra y ya estábamos en el hotel. Inmejorable noche. La alegría de los ayacuchanos se contagia rápido y esa primera noche fue el inicio de muchas gratas sorpresas.

Los paisajes de Ayacucho

Al día siguiente tomamos el desayuno del hotel muy completo con el infaltable pan chapla (me declaro fan) y emprendimos la ruta cultural. Primera parada: Quinua.

Bueno, antes de eso quiero mencionar algo: para mí un viaje es acerca del camino, de lo que se recorre, de lo que el camino hace sentir. No es llegar a un sitio para tomarse una foto, es disfrutar cada paso al andar hacia él. Siempre el camino como prioridad y el camino de Huamanga a Quinua es explosivo.

Cuarenta y ocho kilómetros de hermosas quebradas color tierra y verde claro, mares de cactus, una flora completamente distinta a la acostumbrada a esta altura (alrededor de los tres mil metros) con un clima maravilloso, totalmente iluminado y caluroso.

No imaginé encontrar tanta belleza. Tanto calor, del ambiente como de la gente de la zona, y tanta linda energía. Fue un viaje memorable.

Quinua

Al llegar a Quinua la cosa mejoró aún más: una pequeña ciudad con una pintoresca plaza central la cual está uno de los lugares más trascendentales de la historia de Perú y América del Sur: la casa donde se firmó la Capitulación de Ayacucho, a través de la cual se acordó, finalmente, la libertad de los pueblos de Sudamérica del dominio español.

Una hermosa iglesia enmarca la plaza central, junto con tranquilas calles con faroles. Una visita realmente bonita en la que la historia, tanto la de hace dos siglos como la reciente, se hace presente.

Me gusta siempre conversar con la gente de las zonas que visito y conversar con los pobladores de Quinua, como del resto de pueblos en Ayacucho, hace que el corazón se abra.

Pampa de Ayacucho

Luego subimos al santuario histórico de la Pampa de Ayacucho, donde se libró la famosa batalla que nos dio la ansiada independencia en 1824 y que hoy se ve adornada con un gran obelisco de cuarenta y cuatro metros. La experiencia acá fue muy emocionante, de esas que es difícil transmitir.

Empezaré por lo primero: la entrada es gratuita y se llega caminando en unos 15 minutos. Parados ahí, rodeados de montañas, con una espectacular vista a la ciudad y ese imponente obelisco enchapado en mármol que representa los cuarenta y cuatro años de lucha desde el primer grito de “Libertad” de Túpac Amaru hasta la victoria de los patriotas en esas tierras, el alma se estremeció.

Escuchar la historia de nuestro país, de su lucha, de las estrategias y contradicciones en el mismo lugar de los hechos, es muy especial. No pensé disfrutar tanto esta visita. Y bueno, el obelisco en sí, es una belleza.

El Imperio Wari

Salimos de Quinua con el corazón remecido con destino al Museo de Sitio de Wari, donde encontramos un complejo arqueológico en el que restos de los seiscientos años de dominio de la cultura Wari nos muestran, nuevamente, lo importante de esta zona para nuestra historia nacional.

En el museo, pequeño, pero con buenas piezas y material, aprendemos las importantes conexiones que logró esta cultura y cómo se consagró como el imperio más importante antes de los Incas.

Luego recorrimos las ruinas, en medio de una hermosa flora. Insisto: la naturaleza de la zona es preciosa y hacían un perfecto juego con los restos excavados que mostraban el centro administrativo más importante del imperio Wari. Cementerios de perfecta ejecución y hasta un reloj de sol, entre otros.

La visita demora una hora y media, más o menos, y aún falta mucho por descubrir, ya que las ruinas están en su mayoría enterradas y solo se ha excavado un área relativamente pequeña para todo lo que se calcula aún se encuentra escondido.

Todavía nos quedaba tiempo y energías así que seguimos por una hora hasta Huanta, una emblemática ciudad en la zona, con una plaza central llena de frondosa vegetación. Recorrimos sus calles, almorzamos más comida típica ayacuchana, donde los chicharrones y la trucha reinaron, y regresamos al hotel, en otra hora de viaje.

Huamanga, la ciudad

El domingo nos despertamos agotados, y no era para menos. Debo contar que la noche del sábado la pasamos en un matrimonio al que habían invitado a mi papá, así que bailamos hasta muy tarde sin parar. El cansancio era obvio y notorio, pero el día en Huamanga nos esperaba.

Si por algo esta hermosa ciudad es conocida es por sus iglesias, muy visitadas en semana santa. Esta vez recorrimos algunas, y como hay que ir en horarios de misa logramos entrar a la Catedral, realmente magnífica, la Iglesia de San Agustín, de Santo Domingo y el Convento de Santa Clara. Cada una distinta y preciosa. Faltaron muchas, pues suman treinta y tres iglesias, pero Ayacucho se merece más tiempo para recorrerlo.

Nuestra tarde estuvo enfocada en el partido Melgar vs Ayacucho, al cual nos invitaron y fue muy agradable ver la fiebre del pueblo por el fútbol, pero antes un simpático almuerzo en el Café ViaVia, en la misma Plaza de Armas y un cremoso helado en su primer piso. Altamente recomendables.

Nuestro anfitrión nos tenía preparado para la noche un concierto de arpa con música tradicional ayacuchana. Me gusta mucho este instrumento, tan sensible y sutil, pero escuchar música andina en sus notas es evocativo. Mágico.

Los ayacuchanos nos mostraron mucho amor por su tierra, sus costumbres y tradiciones. Por su música, tan variada y sentida.

Por sus pueblos y su historia. Un destino del que regresamos agotados, pero felices. Y mi felicidad se expandió aún más por haber conocido este lugar lleno de sorpresas y encantos con mis papás.

Traten siempre de conocer nuevos lugares con su familia. Mirar con los mismos ojos nuevos horizontes. Compartir experiencias como las que yo he vivido con mis papás este fin de semana, no tienen precio. Gracias Ayacucho, por tu espíritu, tu tradición, tus paisajes y tu alegría. Y por tan lindos días.

Por: Andrea Chaman Caballero
INFOTUR LATAM
www.infoturlatam.com

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