El Corpus Christi en Cusco: una fiesta de fe

Corpus Christi significa en español “Cuerpo de Cristo” y es la fiesta en la que se honra la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. Esta celebración se inició en el mundo en el año 1264 gracias al Papa Urbano IV y fue el Virrey Toledo quien la instauró en el Perú en 1572. Esta fiesta se celebra cada año el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad que, a su vez, depende de la Semana Santa y es la antesala al Inti Raymi.

En el marco de las celebraciones cusqueñas hoy, jueves 23 de junio, nos tocó vivir el Corpus Christi, una de las celebraciones religiosas más importantes de la ciudad imperial. Una experiencia maravillosa en la que Infotur Latam fue testigo del fervor de Cusco

Si bien esta procesión se celebra en todo el Perú, es en Cusco donde, probablemente, adquiere mayor relevancia. Es un día en el que el pueblo sale a la calle a adorar a sus santos y vírgenes en un ambiente de misticismo adornado con música autóctona, dando como resultado un espectáculo que transmite el mestizaje típico de la región.

La salida de los santos

El día de ayer, miércoles 22 de junio, visitamos la Catedral con un objetivo: ver los quince santos y vírgenes que, durante ocho días, descansaron en su interior. Un espectáculo hermoso, donde el visitante puede apreciar de cerca la belleza de los altares, los atuendos y las características de cada uno.

San Antonio Abad, San Jerónimo, San Cristóbal, Santa Bárbara, Santa Ana, la Virgen Natividad, San Sebastián, el apóstol Santiago, San Blas, San José, San Pedro, la Virgen Purificada, la Virgen de Belén, la Virgen de los Remedios y la Inmaculada Concepción cuentan cada uno su propia historia, con trajes y representaciones que simbolizan la fe de un pueblo. El trabajo realizado con cada uno es perfecto, muestra de esmero, profesionalismo y dedicación.

La salida de la Catedral de cada una de estas imágenes es un espectáculo en sí. Imponentes en la puerta del claustro, con miles de creyentes esperándolos, salen ordenadamente acompañados de sus mayordomos, invitados y sus propias bandas de música, algunos con cohetes y bombardas.

Así, cada una de las imágenes bien acompañadas y celebradas, recorren la Plaza de Armas de la ciudad en un río de fe y música. En cada rincón escuchas a las distintas bandas tocar, ves a los cusqueños atentos esperando a sus santos y vírgenes y se siente una energía muy especial. Hoy nos tocó un día caluroso, con mucho sol y un cielo azul despejado, el marco perfecto para vivir este especial encuentro religioso.

La fe de un pueblo

Si bien toda la procesión es preciosa, también lo es contemplar la fe de los cusqueños. Cada imagen es bastante pesada y es llevada por decenas de muchachos que, de manera ordenada y coordinada, siguen el ritmo de la procesión durante horas.

Las imágenes descansan cada cierto tiempo sobre mesas o bancas que también son trasladadas, pero esta vez por jóvenes que de manera siempre entusiasta forman parte de esta gran fiesta. El orgullo por su tradición se siente en cada paso.

En esta celebración se juntan todos los barrios de Cusco, cada uno con su santo o virgen, a quienes traen desde sus templos recorriendo grandes trayectos. Esta es una fiesta religiosa que involucra al colectivo, en la que el pueblo cusqueño se une en torno a su fe.

La despedida

Luego de haber recorrido la plaza la mayoría de imágenes regresan a la Catedral salvo algunas, como Santa Ana y Santa Bárbara, las que, luego de hacerse un saludo en la puerta de la Catedral, se retiran hacia el templo en el barrio de Santa Ana, en un viaje que termina en horas de la noche, siempre flanqueadas por sus fieles.

San Antonio y la Virgen Inmaculada Concepción también hicieron un simpático encuentro en la puerta de la Catedral, en el que, a través de movimientos al ritmo de la música y que implican el zigzagueo de las masas de fieles a su alrededor, se saludaron antes de entrar al claustro nuevamente.

Así, cada imagen tuvo una participación distinta en esta procesión, algunas con más fieles que otras, como la Virgen de Belén, imponente y hermosa o San Sebastián, el cual, amarrado a un árbol y acompañado de un loro, muestra el sufrimiento de su muerte a flechazos.

Una experiencia hermosa, altamente recomendable en la que un Cusco religioso se viste de gala para festejar, en clara hermandad, la fe de un pueblo. Y la fiesta continúa, esta vez en las calles, llenas de gente y de ganas de seguir festejando. Cusco es imparable, así como su gente.

Agredecimiento especial:

Por: Andrea Chaman (enviada especial al Cusco)
INFOTUR LATAM
www.infoturlatam.com

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