Desde las primeras horas del 24 de junio en Cusco, la luz comienza a iluminar la ciudad y se da inicio al Inti Raymi o Fiesta del Sol. El Qoricancha es el primer escenario donde el pasado vuelve a cobrar vida como en la antigua capital del Tahuantinsuyo, con una ceremonia que honra al Tayta (Dios) Inti y agradece por las cosechas recibidas, mientras se pide prosperidad para un nuevo ciclo.
La jornada comienza en el Qorikancha, el antiguo Templo del Sol y principal santuario religioso del imperio. Poco antes de las nueve de la mañana, el sonido profundo de los pututos rompe el silencio y anuncia el inicio de la ceremonia. Ingresan las acllas, músicos y danzantes, seguidos por la aparición solemne del Inca y la Qoya.
Frente a los muros de piedra que alguna vez estuvieron cubiertos de láminas de oro, el soberano dirige el tradicional Saludo al Sol, elevando plegarias al Tayta Inti para agradecerle por la vida, la fertilidad de la tierra y el bienestar del pueblo. El momento, acompañado de cánticos en quechua y rituales que transmiten una gran energía que conecta directamente con la cosmovisión andina.
Concluido el ritual, el cortejo imperial seguido por los grupos de música y danza, avanza hacia la Plaza Mayor, conocida en tiempos incas como Aucaypata. Allí se desarrolló el Encuentro de los Tiempos y la Ceremonia de la Hoja de Coca para el augurio del nuevo año. Sin duda, uno de los momentos más simbólicos de la celebración que se realizó desde el gran ushnu o plataforma ceremonial, donde el Inca recibió al alcalde de la ciudad, Luis Pantoja Calvo, quien escuchó los consejos del soberano.
Antes de finalizar la ceremonia en la Plaza Mayor, el Inca pidió permiso a los apus para seguir camino a Saqsayhuaman, en cuya explanada se realizó la ceremonia principal del Inti Raymi, rodeado por las monumentales murallas de piedra que dominan la ciudad.
El sonido de los pututos anuncia el comienzo de la ceremonia central y los representantes de los cuatro suyos Antisuyo, Coyasullo, Contisuyo y Chinchaisuyo hacen su ingreso junto a la Qoya, para luego dar paso al Inca con su séquito.
Luego, sobre el ushnu se desarrollaron diversos ritos como el de la chicha sagrada, el encendido del fuego sagrado, la lectura de los augurios y la representación simbólica del sacrificio de una llama, ofrenda destinada a conocer la voluntad de los dioses y asegurar la prosperidad del pueblo. Todo ello ocurre en medio de danzas multitudinarias que representan a los cuatro suyos, con música tradicional y una puesta en escena que impresiona por su magnitud y fidelidad histórica.
Desde las graderías instaladas para la fiesta, mientras el sol ilumina las montañas que rodean Cusco, resulta inevitable sentirse parte de algo mucho más grande que un espectáculo. El Inti Raymi es una celebración que conecta a los asistentes locales y turistas con siglos de historia, con una cultura que sigue viva y con una identidad que los cusqueños preservan con orgullo. Los aplausos del público, los cantos en quechua y la emoción de los actores que encarnan a sus antepasados, convierten cada instante en una experiencia inolvidable.
Al finalizar la ceremonia, organizada por la Empresa Municipal de Festejos y Promoción Turística del Cusco (EMUFEC), queda la sensación de haber recorrido un puente entre dos mundos. Desde el saludo al Sol en el Qorikancha, pasando por el encuentro de los cuatro suyos en la Plaza Mayor, hasta la ceremonia central en Saqsayhuaman, el Inti Raymi demuestra por qué sigue siendo una de las manifestaciones culturales más extraordinarias del continente y el acontecimiento que mejor expresa el alma histórica y espiritual del Cusco.
Por: Liliana Ubidia / Claudia Ugarte (Enviadas especiales al Cusco-Perú)
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