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UNICO 20°105° Hotel Riviera Nayarit, transformando vidas

por Infotur Latam
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En Sayulita, un pueblo costero del estado de Nayarit donde el mar acompaña con complicidad las historias de quienes luchan por un futuro mejor, vive Sandra Guadalupe Valadez Martínez. Ella tiene 39 años y comienza su día cuando la madrugada aún es oscura. Se levanta a las cuatro de la mañana, enciende la cocina y prepara los alimentos y las loncheras de sus tres hijos Juan Pablo de veintitrés años, Helen de diecisiete y Azul de quince. Mientras la mayoría duerme, ella ya está en movimiento. Se viste, se arregla y sale de casa para tomar el camión que la llevará a Riviera Nayarit, donde se encuentra el Hotel Único, el lugar que le abrió una puerta que transformó su vida.

Un camino de fortaleza y esperanza

Sandra nació en Zamora Michoacán. Desde niña aprendió que la familia y el esfuerzo son columnas que sostienen incluso en los momentos más duros. Con esa fortaleza interior decidió buscar nuevos horizontes y se trasladó a Querétaro. Más adelante la vida la condujo al estado de Nayarit y finalmente encontró en Sayulita el lugar desde donde comenzaría a construir un capítulo distinto. Salió de su hogar con un propósito firme. No quería que su hija repitiera la historia de ella ni la de su madre. Estaba convencida de que solo el estudio y las oportunidades podían abrir un camino diferente para las mujeres de su familia. En ese viaje de búsqueda y esperanza su intuición no falló. En algún punto del camino la esperaba una oportunidad que transformaría su destino.

Como madre soltera y mayor de cuatro hermanos, siempre cargó una combinación de responsabilidad y fortaleza que la vida le puso temprano en los hombros. Creció viendo a su madre trabajar sin descanso y decidió seguir ese ejemplo, pero también aprendió de los silencios que marcaron a su familia. Ella misma dice que nadie le habló de la realidad, que nadie le enseñó a mirar con claridad los riesgos ni las decisiones que podían cambiar un destino. Por eso, sin experiencia y sin guía, terminó formando una familia con un padre ausente. Aquello la llevó a retarse a sí misma y a retar a la vida entera para no repetir el mismo patrón. Para sus hijos quería un camino distinto, uno construido con acompañamiento, verdad, constancia y disciplina, porque estaba decidida a que la historia de las mujeres de su familia ya no se repitiera.

Sueños convertidos en oportunidad

Antes de llegar al Hotel Único trabajó como camarera en distintos establecimientos y esa etapa se convirtió en una escuela silenciosa que moldeó su carácter. Aprendió a valorar la precisión y el detalle, entendió que cada habitación debía quedar impecable y que la puntualidad, la limpieza y la honradez eran pilares que sostenían el trabajo bien hecho. Aquellas jornadas largas y discretas fortalecieron su disciplina y se transformaron en la base sólida de su ética laboral.

Un día, mientras regresaba de sus actividades, vio a la distancia la construcción de un hotel que le llamó poderosamente la atención. No estaba en su pueblo sino en la zona de Nuevo Nayarit, muy cerca de la carretera que conecta a ambas localidades. Era el Hotel Único, un lugar elegante que parecía surgir del paisaje con una presencia imponente. Cada vez que pasaba por allí se detenía unos instantes y pensaba que algún día trabajaría en ese lugar. Ese deseo la acompañó durante mucho tiempo y se convirtió en un motor que la impulsaba cada mañana. Soñar la sostenía. Soñar le daba fuerza.

La oportunidad llegó cuando un vecino que ya trabajaba en Único le habló de una posibilidad laboral, no lo podía creer, su sueño se iba haciendo realidad. Sandra sintió que algo dentro de ella despertaba, porque aquel sueño que tantas veces había imaginado comenzaba a acercarse. Cuando finalmente ingresó al hotel por primera vez, experimentó una sensación distinta. Se sintió bienvenida. Se sintió vista. Se sintió valorada. Las sonrisas sinceras, los saludos cálidos y la cercanía de los equipos le hicieron entender que no había llegado solamente a un empleo. Había encontrado un hogar, una gran familia y un lugar donde su vida podía crecer con dignidad y esperanza.

Hecho a mano

Dentro del hotel redescubrieron un talento que Sandrita Valadez había cultivado desde niña, heredado de una familia dedicada a la artesanía. Su habilidad para pintar sombreros y decorar bolsos llamó la atención de los directivos, quienes reconocieron en su trabajo una destreza auténtica y valiosa. Desde entonces, ella asumió la tarea de intervenir las piezas que el establecimiento obsequia a cada huésped, integrando motivos y colores propios de la tradición mexicana.

Cada mañana, Sandrita personaliza bolsos y sombreros con trazos firmes y diseños que respetan la identidad artesanal que la caracteriza. Trabaja cada artículo de manera individual, lo que permite que los visitantes reciban un recuerdo único del hotel y de la región. Con el tiempo, los huéspedes comenzaron a solicitar detalles especiales, como una flor, un nombre o un pequeño símbolo. Ella suele decir que en cada pieza queda una parte de su corazón, y esa dedicación es la que convierte cada obsequio en un gesto genuino y memorable.

Cuando comparte su historia, sus ojos se humedecen al recordar los días en que su principal preocupación era asegurar la comida de sus hijos. Ahora trabaja con orgullo y siente que su esfuerzo es reconocido. La admiración de sus hijos le da una fuerza nueva. También se siente valorada cuando un director la saluda con amabilidad, porque ese gesto sencillo la hace sentirse respetada. Tiene claro que su hogar está en Sayulita, aunque quede lejos del hotel, y aun así realiza el recorrido diario con la certeza de que vale la pena. En el hotel se siente cómoda, porque todos, desde los directores hasta cada trabajador y los huéspedes, la tratan con cercanía y cariño. Esa calidez le confirma que está en el lugar correcto.

Transformando vidas

En ese mismo camino de compromiso, RCD Hotels mantiene una visión de sostenibilidad que se refleja en cada una de sus acciones. El espíritu del UNICO 20°105° muestra con ejemplos esta filosofía al integrar a la comunidad, promover el talento local y generar oportunidades que fortalecen el tejido social. Los directores y todo el equipo reconocen el valor de sus artesanos y artistas, quienes aportan identidad y esencia a la experiencia del hotel. La historia de Sandra confirma que el UNICO 20°105° no solo habla de responsabilidad social. La práctica con coherencia, respeto y sensibilidad, transformando vidas y demostrando que la sostenibilidad también se construye a través de las personas que forman parte de su familia laboral.

En cada sombrero que pinta y en cada bolso que transforma deja un mensaje silencioso. Habla de lucha y de esperanza. Habla de una mujer que convierte cada amanecer en una promesa cumplida. Su historia demuestra que los sueños también pueden construirse con las manos cuando se trabaja con el corazón. Todo ese camino lleva un nombre que inspira. Se llama Sandra Guadalupe Valadez Martínez.

Por: Mercedes Fernández (Enviada especial a México)
INFOTUR LATAM
www.infoturlatam.com

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